LA PEQUEÑA VICIOSA

Participantes: un hombre. una niña de 8 años
oral

 

Una de las razones por las cuales Claudia, la pequeña hija de mi vecino, me gusta tanto es que se parece mucho a "Alicia en el país de las maravillas". Su padre había preparado un columpio para su pequeña hija, colgándolo de uno de los árboles, al fondo de su jardín.

Un día, en que estaba arreglando los rosales, descubrí una grieta en la empalizada. Una de las planchas de madera se había separado de las dos barras horizontales que la sujetaban. A través de ella puedo ver muy bien el columpio a la vez que me encuentro del todo oculto, de las ventanas de detrás de la casa, por los frondosos árboles. Claudia tiene una abundante cabellera rubia, en bucles, los ojos muy azules, y los rasgos faciales muy finos. Acostumbra a llevar un vestido corto con bonitos estampados por el borde inferior. Cuando se columpia el viento levanta su vestidito descubriendo sus lisos muslos y las excitantes bragas blancas. Ella es pequeña y menuda, pero muy femenina. Me encanta mirarla, y poco a poco descubro que a ella le gusta también ser mirada. Claudia cambia a menudo de posición sobre el columpio para situarse de cara al agujero de la empalizada. Entonces juega mucho con su vestidito, como descuidada e inocentemente, como si nadie estuviese observándola. Lo levanta, lo arrastra sobre los suaves muslos, y entonces lo vuelve a bajar a conciencia sobre las piernas. Y así una y otra vez............

Hoy estoy tumbado sobre una hamaca, cerca del columpio. Escucho una pequeña voz melodiosa que me habla. "Buenos días, señor". Me levanto muy sorprendido de ser abordado por esta bonita niña vecina. "Buenos días", le respondo. Su balón se ha metido en mi jardín. Aprovecho para invitarla a beber una limonada helada en la casa. Ella no para de sonreír al mirarme a los ojos. Debe darse cuenta de que la miro persistentemente al bajo de su faldita, arrastrado arriba de sus lisos muslos. De repente su pequeña mano se posa sobre mi pantalón y se desliza bajo mis testículos, para enseguida subir dulcemente y frotar ligeramente mi miembro con la punta de sus dedos bajo el ligero tejido de mi pantalón. Estaba boquiabierto con su atrevimiento, y no lo podía creer. Me encontraba aturdido, dejándome excitar por una pequeña de apenas ocho añitos sin oponer resistencia, enardecido, impresionado por su temeridad. Mi bragueta se ha abierto por un imperceptible movimiento de su mano y el botón del pantalón le ha seguido. Mi miembro, hinchado por el deseo, deforma considerablemente el calzoncillo. Su mano dulce se emplea ingenuamente en tocarme lentamente a lo largo del miembro, y se aplica en conocer mejor sus contornos, su forma y su tamaño, bajo la prenda. "¿Puedo sacarlo?", me pregunta la niña con aire malicioso. Yo dudo. Ella se da cuenta, y me dice que mire cómo la manita está atrapada en mi calzoncillo. "Vale, sácalo", le digo. Su manita arrastra con resolución el calzoncillo, el slip, sobre mis muslos y mi Príapo sale de su escondite en explosión. "¡Ouaaaaaaaaahh!!!!!..." la niña exclama. Está verdaderamente sorprendida. "¡Es gordo!!!!".... "¡Sí....!" exclamo. "¡Hummmmmmmm!!!!! ¡Es duro!!!..... y no para de engordar y endurecer cuanto más lo toco....!!!"...... Yo la dejo hacer encantado. Su manita sube a lo largo del Príapo acabando de posarse en la misma base donde ella se pone a amasarme amorosamente los testículos, con su mano al principio y después con sus dedos. "¡Sigue, no pares ..... mi niña putita! " ...... "¿Te gusta?.....¡Sí....!!!!!!". Mis testículos se mueven bajo sus pequeños dedos ágiles. Enseguida la niña los fricciona dulcemente con la cálida palma de su mano derecha. Mi miembro viril permanece firmemente agarrado por su mano izquierda. Me aprieta el glande. Y obstinadamente resbala la piel de arriba abajo..... A cada golpe de la resuelta manita infantil el bálano se pone más y más amoratado, congestionado, morado. "¡Oooooooh!!!!!.... súper!!!!!, exclama contenta la pequeña viciosa.

Me siento como los ángeles en manos de la cría de ocho añitos. Ella está muy resuelta, tomando la iniciativa sin que le diga lo que tiene que hacer. Pequeñas gotitas empiezan a perlar en lo alto del glande, primicias del placer que se aproxima. "¡Sí, déjame ver tu jugo¡", me dice ella con una mirada seductora, coqueta. Todo me dice que quiere continuar masturbándome con su pequeña mano izquierda y de manosear los testículos con la otra mano. Siento que el semen está subiendo y que va a salir todo bien pronto, bajo la firme presión de la suave manita infantil. Copiosos borbotones de esperma caliente empapan la mano que aprisiona el henchido glande. "¡Ouaaaaaaaaahh!!!!!......súper !!!, grita muy contenta.

Después del placer que la vecina de ocho añitos me acaba de dar, quiere la infanta jugar a su juego preferido : el juego del pipí. "¿Lo conoces?, me dice ella. "He oído hablar de ese juego, bien seguro, pero nunca lo he jugado", contesto aturdido. "Nos hace falta una cosa para hacer pipí dentro", exclama Claudia. Su mirada cae sobre un vacío pote de confituras, posado sobre la mesa de la cocina. "Este otro es para ti. Tú puedes meter tu cola dentro para hacer pipí", dice ella señalándome un vacío bote de pintura. La niña posa el recipiente sobre el suelo y se agacha. Un chorro de orina cae ruidosamente dentro del recipiente. Entonces una voz grita "¡Claudia!". "Bueno, es mi mamá. tengo que volver a casa. ¡Ha sido maravilloso!", ella me dice al besarme rauda. "¡Hasta pronto!", me dice ella pasando la lengua sobre sus carnosos labios. "!Sí...... hasta pronto, Claudia!".