Date: Sun, 8 Sep 2013 21:22:21 +0200
From: capitan alegre <capitanalegre@gmail.com>
Subject: Andanzas y desventuras del memo de Luis (1). El camionero

Autor: supermegaciber



 Jope, siempre me pasa a mí... Y mira que tengo pinta de hétero, con mis
pantaloncitos de algodón blancos cortados a tijera y mi camiseta de posing
(esas con las que, sin querer, vas enseñando las tetillas; bueno, en mi
caso, tetorras, para qué voy a negarlo, que me paso el día en el gimnasio).
Es verdad que, pese a mis caderas estrechitas, el culo me sobresale,
redondín y respingón; demasiado, según me ha confesado, por mi bien, algún
compañero en los vestuarios -comentarios normales entre héteros aficionados
a correr-.


 Yo creo que hay desaprensivos que se coscan en seguida de que no tengo
muchas luces. Je, je. De pequeño, me lo aprendía todo de memoria en el
colegio, para que no se notara demasiado que no me enteraba de nada. Solo
sobresalía en deportes. Y procuraba, y aún procuro, sonreír mucho, como si
me acabaran de contar un chiste (que, de todas formas, la mitad no los
entiendo, pero bueno). Pero es que el desaprensivo abunda más de lo que me
habían dicho.


 El caso es que el martes pasé por un polígono industrial andando, cerca de
mi barrio, que pasear me ayuda a aclarar la cabeza (o algo así; je, je). El
polígono está muy chulo, todo lleno de camionazos y camionetas de reparto.
Jo, cómo me gustaba de pequeño imaginar que algún camionero me dejaba
entrar a ver la cabina por dentro... La verdad es que, pese a mi bajo
rendimiento escolar, mis profesores siempre alabaron mi insaciable
curiosidad.


 En medio del polígono hay un par de manzanas llenas de árboles y arbustos,
sin urbanizar, porque pasa un torrente. A la que veo un sendero que se
perdía entre matorrales, ahí que abandono la acera y me meto para dentro.
Anda que no se me quedó cara de sorpresa cuando, a unos 20 metros, tras una
curva, me planto de repente delante de un tiarrón sin afeitar, que estaba
meando bajo un árbol.


 - Ay, perdone.- y yo, a sonreír un poco tímido; por no mirarle a la cara,
presa del sofoco, allí estaba yo clavando los ojos en el cipotón; normal,
hacía un ruido el chorro del tío mientras meaba que hipnotizaba.


-Tranqui, chaval. Hostias, no me he traído pañuelos.


 Yo miré a ver si llevaba un pañuelo de papel, viendo que la polla gruesa
iba agotando el chorro.


 - ¿Qué, llevas o no llevas?


- No, creo que no. Lo siento. -dije, mirándole por un momento a los ojos.


 - Pues qué putada. He quedado luego con una piba y... imagínate que me
huele la polla a *meaos*. Ja, ja.


 Yo pensé 'Qué raro, pero si está trabajando y son las cuatro de la tarde,
y hace mucho calor... Ah, será su novia', se me ocurrió.


 - No creo que le importe. Je, je. -espeté (improvisando, en mi línea, como
siempre que no sé qué decir). Tras reflexionar un poco, no sé en qué,
contestó:


 - Que sí, que las tías no son como nosotros. Y necesito que me la coma,
que voy cargado después de dos días de trabajo, de aquí para allá.


 - Seguro que no huele -dije yo, por animarle.


 - No sé. El caso es que, así, de pie, no me llego para olerla. ¿Oye,
chaval, por qué no te acercas y me echas una mano? Necesito averiguarlo y
no me voy a poner a hacer flexiones para eso. Je, je. Tú solo la hueles y
me dices...


 Ya se me acerca y me dice:


 - Oye, esas tetitas que tienes son grandes como las de las tías. Bueno, ya
quisieran algunas... Y los pezoncitos.


 'Ay, no, los pezones, no, que me los conozco; como el tío se dé cuenta de
lo sensibles que son... y me haga daño', dije para mí. Y me agarra de los
dos pezones, el muy bandido.


 - Mmm. No, por favor, no... Señor, no haga eso. Mmm. No siga... Agh.


 - ¿Qué te pasa, pequeñín? Je, je.- Y es que, con mi expresión de pasmado,
siempre la gente me echa 16 añetes (bueno, no sé si esto viene al caso,
pero es la pura verdad). Y el tío dale que dale con el amase de las
tetillas y pinchándomelas más fuerte de vez en cuando. De repente, tira de
ellas hacia abajo, y ya que me veo de rodillas en el suelo y con el cipotón
delante de las narices.


 - ¿Qué, huele o no huele?.- Y me tapa la nariz. '¿Cómo querrá, entonces,
que se la huela, con la nariz tapada?', pensé. 'A lo mejor este es tan
tonto como yo, aunque no es posible...'. El caso es que tira de un pezón
hacia adelante y ahí que se me mete sin querer la polla en la boca, y, oh,
un último chorro de meados sale de la punta de ese capullazo. Ni respirar;
para adentro que va. Slurp, slurp.


 - ¿Está rica la polla del camionero, tontita?


 Yo quería decirle que no, pero es que la polla estaba cada vez más dura y
era más gruesa, y me era imposible hablar. Menos mal que me soltó la nariz.
Pero volvió a atacar, desde arriba, mis dos pezones sin piedad. 'Mmm,
no...'.


 - Esta no es la primera polla que chupas, ¿eh, mamoncita? Seguro que se te
está clinchando el chochito, maricón.- Yo quería decirle que no soy
maricón, que se había confundido, que es verdad que me han obligado a
chuparles la polla un par de vecinos, si me pillaban por la escalera a
solas, sin testigos, pero siempre contra mi voluntad..., pero no podía
respirar y seguí chupándosela y chupándosela, mientras el orín era
sustituido por esa sustancia que, no es que sepa mal, ... mmm; la verdad es
que es dulzona y, a la vez, un poquito amarga, como para no empalagar; cada
vez más copiosa y copiosa. Además, es verdad. Para mi sofoco, el culito me
palpita cuando me castigan los pezones o me los soban directamente; no sé
por qué, pero siempre me ocurre, y la polla se me pone dura como un palo.
Tal vez sea normal; no sé... tampoco me atrevo a preguntarle a nadie si eso
les pasa a todos los demás héteros mientras son tan jóvenes como yo. Uno de
mis vecinos, en una ocasión, me dijo, cuando notó los espasmos de mi ojete,
al sobarme los pezones y la rajita, y mi cara de sorpresa, que estuviera
tranquilo, que era una reacción orgánica, o algo así.


 La expresión del camionero de repente se hizo más dura, con una sonrisa
cínica, sin ninguna calidez.


 - ¿Ves lo que les pasa a los niños macizorros y curiosones cuando se
dedican a poner chotas a los tíos? Tontita, todo esto es culpa tuya, con
esa boca de mamona que Dios te ha *dao*. Maricona... Y de esas tetorras,
porque (¿ves?) esto es el pechazo de un tío de verdad, de pelo en pecho, y
no unas tetorras de putilla. -dijo, desabrochándose la camisa a cuadros que
llevaba y mostrando unos pectorales y un estómago de los que cualquiera
sentiría envidia.


 Yo estaba muerto de miedo y pensé que lo mejor era no contestarle, no
decirle que yo no había hecho nada para ponerlo caliente, que yo solo
pasaba por allí con mis pantaloncitos blancos ajustados y mi camiseta de
tirantes; que al verlo mear, yo, en realidad, había querido huir, rojo de
vergüenza; que... slurp, slurp, slurp. Mmm, las tetitas...; el muy bandido
sabía cómo trabajarlas... 'Por fin, por fin me las suelta. Pero, ¿qué hace?
¿Por qué baja la mano y me agarra de las nalguitas?'.


 Me presionó con una de sus botas contra los huevos y me dijo:


 - Desabróchate esos pantaloncitos que parecen mini-shorts de chica. Je,
je. -se rió, como satisfecho de lo ocurrente de su comentario.


 Y otra vez, y sin sacarme el rabo de la boca, echó la mano a mi nalguitas,
pero esta vez por dentro, sin que yo pudiera evitar un gemido de espanto.
Gnnn...


 -Qué rajita, maricón. ¿Cómo es que no llevas calzoncillos, guarrilla? ¿Y
qué hace este chuminito abriéndose y cerrándose cuando le paso mis
dedacos?- Como a espasmos, quería decir el muy abusón. Si lo sabría yo,
que, a veces, me pasaba algún que otro día, cada vez más frecuentemente,
con el ojete como contrayéndose a intervalos de modo involuntario, hasta el
punto de haber tenido que darme yo mismo cachetes secos por encima, a ver
si conseguía algo de paz... Slurp, slurp.


 - Qué bien la chupa la tontita. Ven, que papá te va a enseñar para qué
tienes tú un botoncito ahí dentro. Y te voy a enseñar a jugar con él.


 '¿Dónde?', pensé yo. '¿Dentro?, pero ¿dentro de dónde?'.


 Me sacó el rabo de la boca ('Para, golosa, que papá no quiere correrse
todavía, que estás tú muy buena'). Casi que me hizo sentirme orgulloso de
mi jalada de polla... Y me dio la vuelta. Tras meter un dedaco ensalivado
por sobre el ojete, se lo llevó a la nariz y dijo:


 - Así me gusta, bien limpita.


 - Agh, agh,... ¿qué hace? Mmmm. - ¿Pues no que noté una cosa mojada que
intentaba ágilmente meterse por mi culo hacia el interior? Y yo venga a
jadear y jadear, con una experiencia que, siendo nueva, me transportó
contra mi voluntad a una dimensión nueva, desconocida. Slurp, slurp. Me
estaba comiendo el coño; quiero decir,... el culo. Pero es como me lo
llamaba él, entre lametones y lametones. Bueno, entre jadeos (debo decir,
gemidos), yo intentaba resistirme, hasta que condujo mis manos a mis
propias nalgas y me obligó a separarlas para él, muy abiertas. Y eso que no
me dio ninguna instrucción. Siguió zampándoseme la fresita, hasta que, de
repente, 'Ah, ah, ah,... mmm. ¿Qué es eso?'. Una cosa dura chocó contra mi
fresita y yo estaba muy asustado. '¿Uhm?'.


 - Haz como que vas a cagar, tontita. Ya verás. Papá no te va a hacer
ningún daño – Ya, eso era fácil decirlo. Y, al apretar, flup... El
capullazo pasó mi aro. 'Oghh. qué daño'. Y dejó la polla quieta. Menos mal,
ay, qué dolor. Pero, espera... Mmm. Un picorcillo interior me pedía
rascarme por dentro (cosa imposible; eso no puede hacerse). Era ese picor
de siempre, el que yo había tratado muchas veces anteriormente de combatir
con cachetes y latigazos rítmicos de las manos. Aunque esta vez era un
picor como nuevo, que parecía que no pudiera conocer alivio, ni calma, ni
sosiego. Mmm. Ah. Parece que mi culete empezó a acomodarse y me moví sin
querer hacia atrás y hacia adelante, hacia atrás y hacia adelante,...


 No sé qué pensó el muy bandido al ver una reacción tan refleja (tan
mecánica, me atrevería a decir), pero el caso es que empezó a clavarme poco
a poco el rabazo hasta llegar al fondo, para sacarlo dejándome con la
angustiosa sensación de estar casi vacío, y volver a empezar, una y otra
vez. 'Grr. Ah, ah, ah... Mmmm. No, por favor; yo no soy así, señor',
balbucí.


 - Joder, qué coñito tienes, maricón. No me había follado un coñito así de
tirante en un montón de años. Eso es, muévete. ¿Qué te pasa, tontita? ¿Qué
le pasa a tu chochito, que se mueve hacia *alante* y hacia atrás?


 Yo no sé, pero, al cabo de unos minutos, en medio de toda la vergüenza y
repugnancia hacia mí mismo que sentía, de repente, mi polla empezó a soltar
una corrida como no había vivido nunca. Agg, Agg,.. Mmm. Y sin siquiera
tocarme... ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podía un joven deportista y heterosexual,
sentir esa cosa tan extraña?


 - ¿Qué, te gustan las corridas culeras, chochito? -dijo. Pero seguro que
lo que me había pasado era mi falta de inteligencia, una vez más, jugándome
una mala pasada... algo mecánico, de nuevo.

Al sentir mi ojete clinchándose alrededor de su polla, el muy bandido se
pegó una corrida que noté cómo me llegaba muy dentro del pobre agujerito.
'Ahhh, maricona. Qué rico'. Y se tumbó sobre mí. Así pasó un minuto, cuando
me agarró del pelo y me obligó a limpiársela con la boca. No sé; mientras
me acercaba a su cipote, creí que olería mucho peor y que me daría mucho
más asco, pero, para mi vergüenza, no fue así. Slurp, slurp. Mmm.


 -¿Te gustan gordotas, eh, tontita? No sabe *na'* la tontita esta.


 Y se marchó (¡qué pérfido, el camionero!), dejándome allí de rodillas,
avergonzado, con los pantaloncitos bajados y sin atreverme a levantarme,
...por si volvía.



 Espero que os haya gustado este relato. Y que hayáis tenido que leerlo con
una sola mano.

Se agradece cualquier tipo de feedback, incluso las críticas (aunque mejor
las críticas constructivas, claro; je, je). Envíese a:
capitanalegre@gmail.com