Date: Sat, 9 Jul 2011 19:21:19 +0000
From: alfredo garcia <alfredo247@hotmail.com>
Subject: Energia Oscura (Encounters, Spanish)

Energía Oscura

By Alfredo Garcia

En cosmología, la energía oscura es una forma de energía que estaría
presente en todo el espacio, produciendo una presión negativa y que tiende
a incrementar la aceleración de la expansión del Universo. En el modelo
estándar de la cosmología, la energía oscura actualmente aporta casi tres
cuartas partes de la masa-energía total del Universo. Mis deseos eróticos,
son como esa energía oscura, y ejercen una presión negativa que impide que
mi universo personal se colapse. También, bien pudieran ser las tres
cuartas partes, de mi universo mental.

El pasillo estaba completamente oscuro, avanzo muy despacio tanteando con
mis manos las paredes mojadas de la condensación de la sauna. Me sobresalto
cuando mi mano extendida roza un cuerpo, retiro mi mano paralizado, sigo
sin ver nada. Me mente intenta procesar rápidamente el breve contacto. El
bello del pecho de un hombre fuerte. Roce ligero sobre el dorso de mi mano,
luego a lo largo de mi brazo y de mi pecho. Continuo paralizado, la mano
sube por mi cuello, el dorso de la misma acaricia mi mejilla, uno de los
dedos entre mis labios entreabiertos. La respiración contenida, mi corazón
late con fuerza, un suspiro que es casi un gemido. Una mano sobre mi
cintura me junta a su cuerpo, mis manos intentando prevenir el contacto
están sobre su pecho, lo acaricio, busco su forma, mas alto que yo y
considerablemente más fuerte. Tranquilízate me dice, mientras una de sus
manos acaricia mi espalda. Me relajo, subo las manos sobre su cuello, mi
mejilla sobre su pecho, su calor, el tacto sedoso de su bello, me
entrego. Me quita la toalla anudada en mi cintura. Mi cuerpo desnudo pegado
al suyo. Noto su pene erecto en mi cadera, el mío lentamente cabecea junto
a su muslo. Acostumbrado a contacto con el cuerpo de mujeres, esto es
completamente distinto, infinitamente más excitante. La fuerza, la dureza,
el bello áspero y a la vez sedoso, el calor, el olor. A su lado, me siento
débil, femenino, necesitado de su protección.

Hasta ahora mi primera visita a una sauna gay había sido una decepción,
paseos por los pasillos, caras crispadas, salidas y entradas de las saunas,
todo muy duro y frio. Me iba a ir ya, y ahora me encuentro temblando de
gozo, en la más negra oscuridad entregado en los brazos de un desconocido,
del que no puedo ni adivinar el aspecto de su cara. Sus manos acarician
delicadamente mis flancos, mi espalda, y están libres para jugar con mi
cuerpo. Mis brazos sin embargo están encadenados a su cuello, mordisquea
mis orejas, busca mis labios, tengo miedo a su saliva, pero dejo que me
bese, completamente pasivo, no colaboro cuando su lengua pretende penetrar
mi boca. Noto que se ha molestado, me aparta de él, ¿me abandona? No, me ha
volteado con cierta dureza y me empuja de frente contra la pared
chorreante. Me separa las piernas, me las acaricia, juega por detrás con
mis testículos, con mis nalgas, se insinúa en mi raja, primero con sus
manos, luego con sus labios. Estoy muy excitado, su fuerte mano rodea la
raíz de mi pene, y tira para atrás de entre mis piernas, de puntillas
arqueo mi cuerpo, tengo miedo, pero dejo que me abra y que lama con su
lengua entre mis nalgas, su lengua unas veces dulce y otras imperiosa, se
insinúa en mi ano, es lo más excitante que he sentido en mi vida, me habría
corrido si no fuera por la fuerza con la que aprieta su mano sobre la raíz
de mi pene. Ahora no sé de dónde ha sacado una crema lubricante, y a
comenzado a penetrarme con un dedo, me revuelvo intentando zafarme. -
Tranquilo, no te hare daño-, me dice. Me siento realmente bien y me encanta
lo que me hace, pero he llegado demasiado lejos, la enfermedad terrible
revolotea sobre mi cabeza.

Dos dedos, mas lubricante, tres,..., retira sus manos, llego el momento de
la verdad. Ahora podría escapar, abro los ojos, y distingo cerca de
nosotros, dos o tres hombres que se masturban mientras nos contemplan. Miro
hacia atrás, se está poniendo un preservativo, su pene me hipnotiza, tengo
que irme dicta mi cabeza, le miro a los ojos, adivino su sonrisa, dejo que
me doble en dos, noto la cabeza de su pene en mi lubricado agujero. La
presión al principio suave, luego insoportable, se retira un poco, vuelve a
la carga y yo gimo de dolor, le digo que no y se retira de nuevo, cuando
comienzo a incorporarme para irme, me sujeta de nuevo, y ahora si entra la
cabeza. Para un poco. A pesar del dolor intento relajarme, ya ha pasado lo
peor me digo, el coge mi pene que vuelve a ponerse duro. - Relájate, veras
que te gustara- Poco a poco y de una sola embestida llega hasta el
final. Tanto tiempo esperando este momento y por fin ha llegado. Vuelvo a
abrir los ojos, los espectadores están encima de nosotros, no se quieren
perder ningún detalle.  El tiempo detenido, noto toda la inmensidad de su
pene dentro de mí, aun me duele, pero lo puedo soportar. Mi nariz se llena
del fuerte olor de su cuerpo sudoroso. Con una mano acaricia mi pene, que
vuelve a estar duro, con la otra mis pezones erectos. Casi me olvido del
dolor, continua quieto dentro de mí. Ahora me he incorporado, apoyando mis
manos y mi cara, contra los azulejos húmedos, de puntillas, mi cuerpo
arqueado, adaptándose a la penetración. Mordisquea mi cuello, su mano que
lastimaba mis pezones, ahora los acaricia suavemente, su otra mano ha
dejado mi pene y entre mis piernas me empuja hacia él. Me relajo, ya no
siento dolor, solo una sensación poderosa que me envuelve. Me siento muy
bien, colmado, pleno. Miro hacia un lado, los dos espectadores ya no nos
miran se están besando y acariciando, oigo claramente sus gemidos.

Vuelvo mas la cara buscando a mi amante, el cual inicia un beso, esta vez
dejo, que su lengua penetre mi boca, la chupo con deleite, mientras
contraigo los músculos de mi ano. – Te dije que te gustaría- musita
junto a mi oído.  Ha comenzado a moverse, un poco hacia fuera, un poco
hacia dentro, sigo su ritmo encantado, realmente me gusta, únicamente que
me gustaría estar tumbado sobre una cama, para poder concentrarme más en el
placer.

Aumenta su ritmo, necesito correrme, pero sus manos ahora solo están para
sujetar mis caderas, para manejar mi cuerpo bajos sus embestidas, mis
brazos sobre la pared evitan que mi cabeza se golpee. Cada vez me golpea
con más fuerza, estoy a punto de correrme, sin manos. De repente un grito
ronco, y una embestida profunda que me deja aplastado contra los
azulejos. Noto como se corre dentro de mí, las contracciones de su pene, su
respiración agitada. Después de unos segundos saca su pene, me vuelvo, se
está quitando el preservativo, me lo da, goteando y lleno de semen, -este
es mi regalo- me dice mientras besaba mi mejilla. Me quede con el
preservativo en la mano sin saber qué hacer, los espectadores ya se habían
ido.  Me ato la toalla a la cintura, intentando disimular mi descomunal
erección. Con el preservativo en la mano me dirijo hacia el baño, quiero
comprobar si se ha roto. No, no está roto, tiene una gran cantidad de
semen, aun está caliente, me da un poco de asco, pero a la vez me hubiera
gustado tenerlo en mi boca, saborearlo, sentirlo bajar por mi garganta, al
fin y al cabo es mío, fue en mi interior donde se genero, y él me lo
regalo.  También podría estar dentro de mi cuerpo, bañando mi interior, y
goteando lentamente a través de mi ano. Lo tiro a la basura con cierta
pena. Me quito la toalla y me ducho, mi erección no baja, no hay forma de
contrarrestar el efecto de la viagra que me tome antes de entrar en la
sauna. A mi lado se está duchando un chico que me mira de reojo, y a la
entrada hay otro que me mira directamente mientras se toca el paquete a
través de la toalla. Me seco despacio, alagado por sus miradas.

Vuelvo a enrollarme la toalla y me dirijo hacia el vestuario, por hoy ya
son bastantes emociones, me siento un hombre nuevo. Al pasar por un
pasillo, alguien me chistea desde el interior de un cubículo, está sentado
en el banco, desnudo con el pene erecto, me hace señas con la mano para que
entre. Noto una contracción de mi pene, entro y cierro la puerta.

Necesito correrme. De pies entre sus piernas, me quita la toalla, me
acaricia lentamente mientras me sonríe, es un hombre de unos sesenta años,
grande y fuerte, pelo rubio, en su cabeza, en su pecho, en sus piernas, la
raíz de su pene está atada fuerte por una cinta de cuero, debe ser
extranjero. Su fuerte mano acaricia con delicadeza mis testículos, mis
flacos, mi pecho, me da la vuelta, me hace abrir las piernas, acaricia la
cara interior de mis muslos, mis nalgas, y se insinúa en la raja. Me hace
arrodillar, acaricio su pene, empuja mi cabeza para que lo tome en mi boca,
a pesar de mi miedo acabo aceptándolo. Torpemente intento darle placer, me
lo introduce hasta el fondo de la garganta, me dan arcadas, se da cuenta de
que no tengo experiencia. Hace que cambiemos de posiciones, y es él, el que
tiene ahora mi pene en su boca, y se lo introduce hasta el fondo de la
garganta, intento correrme, pero a pesar de mi enorme excitación no
puedo. Levanta mis piernas, lame mi perineo, y su lengua se acerca a mi
ano,- no, no-, digo, de nuevo el miedo, pero no hago nada por impedirlo,
lame mi ano estresado por la reciente desfloración, me relajo, me penetra
con su lengua. De una bolsa que tenia al lado saca la crema, con la que me
lubrica. Con facilidad introduce un dedo, luego dos, tres, todo debe ser
más fácil ahora, ya no soy virgen. Espero, deseo que tenga un preservativo,
y que me penetre, lo necesito, efectivamente, se lo está poniendo, le
sonrió, esta vez se cómo hacer para que la penetración sea más fácil, sin
embargo me sigue doliendo, pero yo ya sé que ese dolor se calmara pronto,
me folla despacio mientras yo pellizco sus pezones. Gime excitado, siento
el placer de dar placer, me olvido de mis ganas de correrme, y me concentro
en darle gusto, contraigo mi ano. Saco la lengua para que me la chupe,
chupo la suya gorda y dura, sus gemidos se ahogan en mi boca, noto que ya
no puede aguantar, se hunde hasta el fondo de mi y descarga su semen
entrecortadamente, sonrió en la obscuridad, de mi éxito dando placer a un
hombre. Se ha dejado caer sobre mí, su cuerpo me aplasta, acaricio su
cabello. Retira su pene de mi ano, me da las gracias en ingles, y ante mi
pene erecto, hace un gesto por si yo quiero que me masturbe, le digo que no
porque yo se que el ya no está allí, está satisfecho y quiere irse. De
nuevo a las duchas esta vez sin preservativo. Mi pene ha bajado un poquito,
aunque no ha perdido toda la erección. A mi lado un chico joven, 16, 17
años, se enjabona, delgado, moreno, pelo ensortijado, tiene un cuerpo casi
de adolescente, sin bello, me mira sonriendo con sus ojos grandes y
obscuros, parece árabe, seguramente es un prostituto, mientras nos secamos
me dice su nombre, y me pregunta por el mío- ¿Te gusto? ¿Quieres hacerme
algo? Me dice un poco tímido, le pregunto –¿cuanto?-, me contesta, que
lo que yo quiera, me lleva de la mano a un cubículo.

De pies los dos, me deleito acariciando su cuerpo, por delante por detrás,
su pene se esta poniendo duro, es muy grande para su cuerpo tan ligero. Soy
yo ahora el que sentado lo tengo entre mis piernas, y repito una a una
todas las cosas que unos momentos antes me hizo el hombre extranjero. El
tiene crema y preservativos, le penetro, pero ahora me concentro mas en mi
propio placer, llevo ya un rato dentro, y no tengo prisa en correrme, me
dice que le gusta, su pene está muy duro, noto que está realmente excitado,
no esperaba esa reacción en un prostituto, me ofrece su lengua.

Me sobresalto cuando la puerta se abre, -tranquilo- me dice, es mi tío que
seguro que me estaba buscando, el hombre que entra es de unos 50 años,
también árabe, parece un hombre agradable y tranquilo, se acerca a
nosotros, su mano acaricia mi espalda, mi cuerpo se tensa, ---tranquilo
amigo, te gusta el chico- Es guapo verdad?.- Tú también eres guapo- me dice
mientras acaricia mis nalgas, mira como me has puesto, se quita la toalla y
me muestra su pene erecto, es realmente grande, no sé si podrá
penetrarme. El parece adivinar mis pensamientos, tranquilízate- me dice,
con un poquito de crema entrara fácilmente. Si romper nuestra conexión el
chico y yo estamos ahora encima de la colchoneta de plástico que cubre el
banco.

El hombre nos acaricia por turno a los dos, nos besa y nos dice que somos
dos chicos muy guapos y que nos va hacer muy felices, me lubrica y penetra
con sus dedos, estoy deseando que me monte, ya está encima de mí, su pene
se frota contra lo que sobresale del mío dentro del chico. Y luego con mi
raja, y luego lentamente me penetra, me abro todo lo que puedo, y ya está
dentro. Me encuentro muy bien entre estos dos cuerpos, dando y recibiendo
placer. Al principio nos movemos los tres buscando cada uno nuestro
gusto. Ahora ellos están quietos, y soy yo el que se mueve entre ellos,
hacia adelante, mi parte masculina penetra y conquista, por detrás mi parte
femenina, se deja penetrar y conquistar. Luego solo el hombre encima de mí
se mueve, de esta forma nos foya a los dos a la vez. Besa al chico en la
boca, y le dice palabras de amor, el chico contesta como un enamorado, dame
más le dice, me siento un intermediario, está claro que se aman, yo solo
soy un transmisor Cupido de su amor, el amor entre aquellos dos seres se
trasmite a través de mi cuerpo, el hombre me penetra con suficiente fuerza
para que esta se trasmita a mi pene y a través de él al ano de su
amante. Cuando finalmente se corre, su semen parece recorrer todo mi cuerpo
hasta salir por mi pene y entrar en el cuerpo del muchacho. Unos momentos
después nos recobramos, y pretendo que el chico venga conmigo para pagarle,
me dice que no hace falta, que ha sido muy feliz, me voy del cubículo y
ellos dos quedan allí sobre el banco sus cuerpos enlazados, puede que para
ellos solo sea el principio, pero para mí ya estoy completamente
satisfecho.

Pienso que probablemente el chico no era un prostituto, y que la situación
la habían planeado previamente.

Camino por la calle, el pelo mojado, el ano un poco dolorido, el pene un
poco erecto, y una sensación de infinita paz y plenitud. Ahora podría mi
vida acabar aquí, realmente puedo decir que he vivido.


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bajo el nombre de Alfredo Garcia.