Date: Fri, 4 Feb 2011 14:18:19 +0000
From: torux torux <torux@hotmail.com>
Subject: Mario y Miguel 3

Esta historia es ficticia. Los personajes e incidentes son producto de mi
imaginación. Cualquier semejanza con la realidad es mera
coincidencia. Comentarios bienvenidos.


Capítulo III: Miguelito y don Fernando ( Mb inc )

Fui a buscar a Mario a su casa, pero no lo encontré; al parecer mi amigo
había salido con su madre y no regresaría hasta la tarde. Su papá me
preguntó para qué lo quería y yo respondí que iba a buscar mis cuadernos,
lo que era cierto, por lo que me hizo pasar y me llevó al cuarto de su hijo
para que yo viera si los había dejado por allí. No busqué mucho en
realidad, decidí que sería mejor preguntarle a mi amigo una vez que
estuviera en casa.

Don Fernando me ofreció un vaso de bebida y me instó a que me sentara un
rato a ver televisión con él y eso hice. Yo siempre le había tenido un poco
de fastidio a este hombre, supongo que lo veía un poco rudo, su voz tan
grave me intimidaba y su estampa de macho peludo y de cuerpo macizo me
ponían muy nervioso. Creo que veía en él a la antítesis de lo que era yo,
un muchacho flaco, sin mucha gracia y además bastante tímido.

La televisión exhibía un programa de concursos muy popular en aquella
época, en realidad lo estaba disfrutando cuando don Fernando me dijo que lo
acompañara a su pieza porque iba a ver en la televisión del cuarto. Yo lo
acompañé y mientras él se tiraba cuan largo y pesado era, yo me senté a un
lado.

--Tírate en la cama también, me dijo, y eso hice yo, cuidando que mis
zapatillas quedaran al aire para no ensuciar el acolchado.

--Si quieres sácate las zapatillas, volví a sentir su voz profunda.

Me saqué las zapatillas y él se paró de la cama, cerró las persianas y
apagó la luz quedando así la pieza en una semioscuridad sólo interrumpida
por los pantallazos del viejo televisor. Luego volvió a su costado de la
cama y se sacó los zapatos; subió a la cama por su costado y se estiró
nuevamente. Miré sus pies, grandes y cubiertos por un par de calcetas que
se veían muy limpias. Bruscamente con su brazo derecho me atrajo más hacia
él diciendo que si no me iba a caer de la cama y riendo de su comentario,
yo sólo sonreí tímidamente y me dejé llevar hacia el centro de la cama. Su
brazo derecho, no obstante, no volvió a su lugar, quedó allí medio
abrazándome y haciéndome sentir algo muy extraño, me gustaba la sensación
de sentir mi cabeza apoyada en su brazo y percibir de reojo, su pecho
levantarse con su respiración.

Cada tanto él hacía un comentario sobre lo que veíamos en la T.V. y yo
contestaba con monosílabos, con timidez, pero también disfrutando el
programa que, de hecho, era bastante divertido. Sin embargo, aun con la
vista fija en el televisor podía sentir de tanto su dedo pulgar que se
movía apenas unos milímetros en mi brazo, en una suerte de caricia casi
imperceptible, pero que tenía el poder de desviar mi atención hacia este
gesto suyo, tan sutil como placentero para mí. En su otra mano tenía una
cerveza a la que a cada cierto tiempo daba un sorbo largo y luego la dejaba
apoyada en su barriga..... a veces un poco más abajo. Me intrigaba eso, ver
la botella de cerveza apoyada en su entrepierna, trataba de mirar sólo el
televisor, pero sus continuas caricias en mi brazo y su botella en ese
lugar de su pantalón distraían constantemente mi atención.

Me sentía extraño de estar ahí con don Fernando. ¿Y si llegaba Mario y su
madre?, pero no, él dijo que llegarían tarde. Absorto en estos
pensamientos, me sobresalté cuando él sacó su brazo y dijo que se pondría
algo más cómodo. Fue a la cómoda y sacó un short. Estaba de espaldas a mi
cuando se bajó los pantalones y se quedó en slips. La cómoda estaba a un
costado de la cama y el televisor frente a ella, pero como él estaba de
espaldas, no sabría que yo estaba mirándolo. Me puse rojo al ver sus
piernas tremendamente peludas y gruesas y más aún al ver cuán ceñidos le
quedaban los slips. Dejaban incluso vislumbrar la gruta que separaba sus
nalgas. ¿Qué estaba haciendo ahora?, al parecer esos shorts no eran los
apropiados, porque volvió a ponerlos en la cómoda y hurgueteó un poco más
sacando, al parecer, otro par. Luego y para mi más absoluta sorpresa, se
bajó los slips quedando a mi vista unas nalgas peludas como jamás había
visto yo en mis diez años de vida que inmediatamente fueron cubiertas por
el short. De inmediato di vuelta mi vista y seguí mirando el televisor.

Sentí cuando se recostó a mi lado nuevamente encontrándome otra vez muy a
la orilla de la cama. Sin más, pasó su brazo otra vez por debajo de mi
cabeza atrayéndome hacia él. ¿En qué momento había desabrochado
completamente su camisa?, no lo sé, pero ver su pecho desnudo, tapizado de
vellos oscuros, largos y brillantes, me hizo temblar. Debe haberse dado
cuenta de mi nerviosismo porque me preguntó si me pasaba algo.

--No, respondí

No sé cuánto rato pasó, pero al rato me encontraba ya con mi cabeza casi en
su pecho. No sabía cómo había llegado hasta allí, supongo que la presión de
su brazo sería la causa y en esa posición no podía evitar mrar su mano
izquierda que descansaba con los dedos metidos bajo el elástico del
short. Cada vez que pasaba algo cómico en el programa de televisión, él
reía fuertemente y su mano parecía entrar un poco más y salir hasta la
mitad nuevamente. Mi vista trataba de mirar a la pantalla, pero duraba muy
poco para volver nuevamente a mirar su barriga llena de pelos.

¿Era parecer mío o cada vez que yo lo miraba su mano parecía levantar un
poquito el elástico del short?. No, tiene que haber sido mi imaginación,
pensaba yo. Pero en un instante hasta pude ver una gran cantidad de pelos
que cubría su bajo vientre.

Al rato su mano izquierda tomó la mía y continuó mirando la tele como si
nada. Sobaba la palma de mi mano distraídamente mientras seguía disfrutando
del show. A ratos la ponía sobre su estómago y la acariciaba sobre él
logrando que mis nervios aumentaran al tocar sus pelos con el dorso de mi
mano. Esto continuó por un rato hasta que de pronto, en un momento muy
jocoso de los concursantes de la tele, rió fuertemente y llevó su mano unos
centímetros más abajo, mi mano entre la suya quedó entonces sobre el
elástico de su short y así, mientras estiraba mis deditos y los acariciaba
tan naturalmente me encontré por fin con la sorpresa de mi vida.

Al principio, no sabía qué era, o no quería creerlo, tan fuerte era la
impresión. Por entre el elástico de su short sobresalía una cabeza colorada
y brillante que tocaba el dorso de mi mano haciéndome sentir su calor y su
humedad. Yo temblaba de emoción.

--Está bueno el programa, ¿no?, me decía entre miradas sonrientes hacia
mi carita, en ese momento ya roja de placer y nervios.

--¿Te gusta?, me decía, mientras apretaba más y más su mano hacia abajo
logrando que cada vez la mía entrara más y más en contacto con esa cosa
dura y caliente.

Se inclinó hacia mí y me besó suavemente en la frente y me susurró:

--cierra los ojitos

--Eso, así, manténgalos cerraditos --sentía su susurro grave cerca de
mi orejita y con mi carita ardiendo, asentí

Abrió mi mano y la cerró en esa cosa gruesa, aferrándola con la mía. Poco a
poco sentí como su mano comenzaba un movimiento de sube y baja llevándose
la mía con sus movimientos.

--¿Asíii, ves que te gusta?, me hablaba bajito y yo sentía que se me
cortaba la respiración.

--No abras los ojitos, me susurró nuevamente

Se incorporó un poco y con mi manita en su pene me pareció sentir que sus
shorts se deslizaban hacia abajo. Retiré mi mano y unos pocos movimientos
después me arrastró con su brazo derecho más hacia el centro de la cama. No
me atreví a abrir los ojos, pero no pude evitar abrirlos cuando me pareció
sentir que ponía sus piernas a ambos costados de mi cuerpo.

Una gran mata de pelos negros estaban frente a mi cara y casi tocando mi
boquita una verga enorme, con venas muy gruesas se acercaba mientras
escuchaba a lo lejos sus susurros:

--Abra la boquita, me decía

--Abra la boquita, eso, así, qué rico mi chiquiiito, el susurro
volviéndose exclamación de placer

--Chúpela mi amorcito, chúpesela a su macho.

Hice lo que me pedía, estremeciéndome con sus palabras y aunque me
incomodaba el grosor de su verga en mi boca sólo alcanzaba a meter una
parte de ella, pero parecía que la tenía toda en la boca. Chupé y chupé lo
mejor que pude mientras él desabrochaba mi camisa. Luego mis pantalones y
enseguida me la sacó. Se incorporó un poco y me desnudó completamente. En
este punto me sorprendí de no sentir vergüenza alguna, sólo una gran
necesidad de seguir chupando y de que continuara con aquello tan
maravilloso que me estaba haciendo. ¿Le haría lo mismo a Mario?.

Una vez desnudos los dos, me abrazó fuertemente de costado y me besó. Fue
raro sentir su lengua metiéndose en mi boca, buscando mi lengua. Nunca me
hubiera imaginado que eso se podía hacer, pero me gustaba tanto que
cooperaba con él. Levantó una de mis piernecitas flacas y puso allí su
pichula quemando el interior de mis piernas que la apretaban como para que
no escapara. Comenzó un vaivén de mete y saca mientras me besaba en el
cuello y con sus manazas abría mi culito dejando el hoyito
expuesto. Tocándolo con uno de sus dedos y tratando de meterlo allí.

--¿Quieres que te lo meta?, me decía al oído.

--Sí, contestaba yo, sin saber realmente a qué se refería.

--Te voy a culear, perrito mío; vas a probar mi pichula enteritaaaaaa.

--Siii, gemía yo, inocentemente, sin adivinar lo que significaba culear.

--Date vuelta, me dijo en un susurro y antes que yo lo hiciera él mismo
me volteó con uno de sus brazos.

Me hizo ponerme como un perrito, con las piernas flexionadas y mi culito
levantado. Sentí como me escupió el ano y a pesar que me pareció repugnante
lo que hizo, inmediatamente me vi envuelto en un nuevo placer. Su lengua me
perforaba el anito. Me escupía y me trataba de meter un dedo. A ratos su
lengua, a ratos su dedo hasta que de pronto sentí mi hoyito traspasado por
su dedo grueso, pero no sentí mucho dolor, más bien una cierta incomodidad
pronto superada.

Poco a poco me fue metiendo el dedo más y más adentro, iniciando un
placentero ir y venir de mis entrañas. No sé en qué momento fue, pero de
pronto me susurró:

--ya tiene tres dedos adentro mi niño, pronto va a tener mi pichula
todita para ud. ......para ud. solito mi amorciiiiiiiito.

Yo estaba un poco cansado de estar en esa posición, pero no tuve que
esperar mucho más, Pronto sentí su miembro caliente resbalar por mi rajita
en lo que yo sentí como una caricia, un beso de su pichula en mi hoyito y
luego un dolor insoportable me hizo enterrar la cabeza en la almohada,
mientras don Fernando firmemente me tomaba de las caderas no dejándome
escapar.

--Aguante m'ijito, aguante, que el dolor pasa enseguida, me consolaba.

--Ya está, ya la tiene adentro mi amor, aguante un poquito más

Yo no hubiera podido responder aunque hubiese querido porque sentía que me
faltaba el aire. Así estuvimos un rato, él no parecía hacer nada más que
mantener su pichula dentro mío, pero claro, estaba esperando a que mi culo
se acostumbrara a su grosor. Poco a poco el dolor fue desapareciendo,
ayudado por lo que me decía don Fernando en la orejita.

--¿Se siente tan rico mi amorcito!, ¡está tan apretadito!

--¿Le gusta como me lo culeo?, me decía mientras comenzaba entrar y salir
de mi hoyito para ese entonces ardiendo de ganas de sentirlo todo dentro.

--Siiiii, le contesté susurrando, ¡se siente muy riiiiicoo!.

--Siiii, mi amooooor, goce mi pichula m'ijiito, es suya y de nadie más,
gócelaaaaa, me susurraba mientras su verga se adentraba más y más.

Las sensaciones eran indescriptibles, me parecía imposible retener una
sensación porque luego era reemplazada por otra más placentera. Sentía unas
cosquillitas en el interior de mi barriguita cada vez que sea estaca de
carne se introducía en mi interior. Era una sensación inenarrable. A ratos
parecía chocar con algo dentro de mi hoyito que me causaba un temblor por
todo el cuerpo y en ese momento él me apretaba más contra su cuerpo sudado
y ardiente. Sus pelos se pegaban contra mi espalda.

En ese momento me dio vuelta, dejándome de espaldas en la cama sin sacar su
verga de mi culo. Qué fascinación sentí entonces de ver a ese hombre
tremendo, su pecho peludo surcado de sudor y su cara en una mueca demudada
de placer. Abrí mis piernas sin que me lo pidiera extendiéndolas lo más que
me era posible y sin que me lo pidiera también las crucé por su espalda
mientras él se apoyaba con sus antebrazos en la cama para no lastimarme con
su peso, me miraba a los ojos mientras su cogida no descansaba. Su mirada
era caliente, una mirada animal, pero también llena de ternura. Me besaba
los labios y levantaba su cabeza volviendo a mirar mi rostro como
preguntándome en silencio si me gustaba o no.

-Ya mi amor, ahora soy todo suyo mi putito rico, me dijo de pronto y dicho
esto, se clavó muy dentro de mí y se quedó quieto. Con mi esfínter sentí
los ríos de leche que me inundaban no acertando a adivinar qué era eso que
me quemaba en mi interior.

Su pene lo sentía latir a cada trallazo de semen mientras él, quieto y
abrazado a mí, respiraba entrecortadamente con los ojos cerrados. Besé su
cara en un acto puramente instintivo y él me devolvió el beso. Su cara
sabía salada. Y allí me quedé muy quietecito debajo de él mientras mi
potito se cerraba en su cilindro de carne y éste respondía a esta caricia
con un latido que me llegaba al alma.


Torux