Date: Sun, 13 Feb 2011 01:44:39 +0000
From: torux torux <torux@hotmail.com>
Subject: Mario y Miguel 5

Esta historia es ficticia. Los personajes e incidentes son producto de mi
imaginación. Cualquier semejanza con la realidad es mera
coincidencia. Comentarios bienvenidos.




Capítulo V: Mi abuelito y mi papá ( Mb inc )

A mí no se me había bajado nada, lo tenía bien paradito y pegadito a las
caderas de mi abuelito. Él me abrazó y se quedó quietito con los ojos
cerrados. Luego me miró y me dio un besito en los labios. Mi abuelito no es
tan viejito como son los abuelitos, él tiene muchos pelos blancos en el
pecho y en la cara, pero se ve muy fuerte y sus piernas son gruesas. Sus
manos son grandotas, con una sola mano abarcaba todo mi potito mientras me
lo acariciaba y me miraba sin decir nada. Yo jugaba a enredar mis deditos
en los pelos de su pecho.

--¿Qué hizo con el papá de Marito? --me soltó de pronto.

--...

--¿Todavía no me quiere contar?

--Abuelito, es que... hicimos cosas.

--¿Qué cosas?

--Me metió su cosa en el potito, susurré

--Mmhh, me parecía que ya alguien había entrado ahí, sólo que no estaba
seguro si había sido él o...

--¿O quién? --pensé, un poco confundido.

--¿Y le gustó lo que le hizo?, cuénteme.

--Sí, abuelito, me gustó mucho. ¿No te enojas, verdad?

--No, mi amor, pero me habría gustado que otra persona te lo pusiera
primero.

--¿Tú, abuelito?

--Yo, o tu... bueno, ya está hecho.

Me hizo contarle todo lo que pasó con don Fernando y mientras yo le contaba
me presionaba por detalles. Su verga nuevamente estaba erguida y se le veía
roja. Ya más decidido y viendo que mi relato de los sucesos del día
anterior lo excitaba sobremanera me dí a la tarea de contarle todo. No me
dejó terminar. Se deslizó más arriba en la cama y me puso el pene para que
se lo chupara lo que hice sin ningún esfuerzo. Él me decía que hacer. Que
le chupara los huevos, que pasara la lengua por la cabeza, que sorbiera las
gotitas que le salían del pico y luego hizo algo asqueroso. Tomó sus
piernas con las manos y las llevó hacia arriba y mostrándome el hoyo del
culo me pidió que lo chupara ahí. Yo no quise en un principio, pero lo
pedía con tanta calentura en su voz que decidí probar. Tenía muchos pelos
ahí, le dí un besito que primero no me supo a nada, pero luego al pasar la
lengua lo sentí caliente y con un sabor entre amargo y extraño. Me calentó
mucho hacerle eso al abuelito; era como el acto más prohibido, más que
chuparle la pichula. No sabía por qué le gustaba tanto, pero así era. Gemía
y me miraba con ojos extraviados.

Me acostó luego en la cama y se puso de rodillas frente a mí. Alcanzó la
botellita de líquido y abriendo mis piernitas me puso nuevamente su verga
en el hoyito. Poco a poco me la fue metiendo. Esta vez me gustó más porque
lo podía ver de frente, como cuando don Fernando me la puso así, pero mi
abuelito lo hacía despacito. La sacaba a la mitad y luego la metía hasta
chocar con algo adentro. Pronto se echó encima mío cuidando de no
aplastarme y comenzó a meter y sacar muy rápidamente. Me decía cochinadas
como que yo era su putito, que era un mariconcito muy rico.

--¿Te gusta que te la meta, verdad?, ¿te gusta sentir mi pico adentro?

--Sí, -gemía yo, pero no creo que él me escuchara.

--Así, mi putito, apriete el potito, me decía.

--¡¡¡Qué potito más apretadito!!!! ¡¡¡Ahhhh!. Rugió mientras yo sentía su
pene palpitar dentro mío. El cerró los ojos y se quedó así, descargando su
leche en mi barriguita.

Un ratito no más duró así, de pronto me lo sacó y deslizándose hacia atrás
levantó mis piernitas y metió su cabeza entre ellas y sentí su lengua
metiéndose en mi hoyito todavía abierto. Me pareció algo muy cochino, pero
en cuanto sentí su lengua entendí por qué él pareció disfrutar tanto cuando
yo inexpertamente le hice lo mismo. Sólo que él no sólo me besó el hoyito
sino que literalmente metió su lengua en él. A ratos pasaba la lengua por
sobre el ano y a ratos me lo chupaba. Creo que así sacó sus propios mocos
porque sentía como me devoraba con su boca. Pero eso no fue nada comparado
con lo que me hizo después. Bajando mis piernas metió mi pichulita en su
boca y chupó causándome la sensación más maravillosa que jamás hubiera yo
sentido. Un temblor recorrió mi cuerpo de niño y casi me ahogo. Sentía que
no podía haber nada más rico que lo que mi abuelito me estaba haciendo. Al
ratito sentí que me moría y mi vista se nubló y me tiré hacia atrás con los
ojitos cerrados. Cuando los abrí mi abuelito estaba a mi lado sonriendo. Me
dio un besito en la frente y me dijo que me quería más que a nada en la
vida. Yo también sentí que en ese momento lo quería más que a nada en la
vida. Claro que a mis papás también los quiero, eso sí.

Esa tarde, cuando estábamos sentados a la mesa, mi abuelito estuvo muy
locuaz, pero yo no tanto. Tenía tanto en qué pensar. Claro que más que nada
lo que quería era estar con mi abuelito otra vez... y con don Fernando
también. Pensé en mi amigo Mario. ¿Sabría él de esas cosas?.

Mi amigo Mario vivía cerca de mi casa, pero desde hacía poco tiempo, porque
antes sus papás estaban separados y se habían vuelto a juntar. Desde que
llegó a vivir al barrio nos hicimos amigos y además asistíamos a la misma
clase. Su papá no se veía mucho porque al parecer trabajaba mucho y como ya
dije antes, me inspiraba un poco de temor. Claro que eso era antes de lo
que pasó. Ahora quería verlo de nuevo.

La mano de mi abuelito en mi pierna me sacó de mis pensamientos. Mi mamá se
había levantado de la mesa y mi abuelito movió la silla un poco hacia atrás
mientras conversaba con mi papá. La movió lo suficiente como para que yo me
diera cuenta de cómo tenía su verga gruesa y obscena a un costado del
pantalón. ¡Qué ganas de tocársela!. De pronto se paró y creí notar que mi
papá también le miró ahí. Se acercó a un mueble y tomó algo que le mostró a
mi papá, parándose a su lado rodeando los hombros de mi padre con su
brazo. Papá leyó algo y yo como si nada, entonces hizo algo que me dejó con
la boca abierta. Mientras leía la revista tocó con el codo la entrepierna
del abuelo. Éste me miró sonriendo y me guiñó un ojo. Papá seguramente
pensó que yo no me dí cuenta porque siguió conversando naturalmente y luego
el abuelo se sentó nuevamente y entonces llegó mi mamá. ¿Habrá sido
casualidad lo de mi papá?.

Mamá retiró lo que quedaba en la mesa y nos paramos todos. Mi papá se paró
también y pude notar que su bulto entre las piernas se notaba bastante. No
sé si me sorprendió mirándolo, pero el abuelo continuaba dándome discretas
miradas y guiñándome un ojo.

--Miguelito, me dijo mi abuelo -¿Va a jugar en el computador?

--Sí abuelito, le dije yo.

--Ya, vaya no más y apróntese que más tarde iré yo ganarle en el juego,
dijo sonriendo.

Subí a mi pieza y estuve allí jugando un buen rato, pero el abuelo no
apareció así que bajé a la sala a ver televisión y allí los encontré a los
dos. A mi papá y a mi abuelo. Mi mamá no estaba. Me senté en mi sillón
preferido frente a mi papá, pero mi abuelo me tomó del brazo y me sentó en
sus piernas mientras me hacía cosquillas. Me sentía raro estar ahí sentado
en las piernas de mi abuelo frente a mi papá y más cuando el abuelito me
puso la mano justo ahí sobre mi entrepierna. A ratos me apretaba contra él,
a ratos acariciaba mi barriguita. Yo trataba de no moverme, pero más que
nada era para que mi papá no mirara. De pronto el abuelo me preguntó si
estaba incómodo.

--No, le dije.  --Si quiere, siéntese con su papá.

--.... No respondí, miré a mi papá y éste me miró extendiendo sus brazos.

--Venga, dijo mi papi.

Yo me bajé de las piernas de mi abuelo y me fui a sentar con mi papi. Éste
me subió como una pluma y me puso entre sus piernas. Inmediatamente sentí
su bulto en mi potito. Se notaba duro, pero yo no me atrevía a moverme ni a
decir nada.

--¿Está bien así?, me preguntó mi papá.

--Si --respondí quedito.

Miraba a mi abuelo y éste sonreía y se agarraba el paquete con su manaza
haciéndolo sobresalir más aún.

Poco a poco fui sintiendo como mi padre me apretaba contra él.

--¿Y mi mami? --pregunté de pronto.

--Salió, dijo mi abuelo. Estamos solitos los tres, agregó.

Me eché para atrás y apoyé la cabeza en el pecho de mi papá quien me abrazó
más fuerte aún me subió un poquito más arriba. Sentí que mi potito estaba
directamente sobre su cosa. Se sentía más duro cada vez.

El abuelo se levantó y apagó la luz quedando la sala sólo con la luz del
televisor. Poco a poco fui sintiendo como mi papá comenzó a bajar el cierre
de mi pantalón. Lentamente, en completo silencio fue metiendo su mano
dentro de mi slip y tocó mi cosita. Yo miraba al abuelo en la semipenumbra
y veía que éste había sacado su pene del pantalón y se lo movía despacito
mirándonos a mi padre y a mí. Papá no decía nada. Sólo jugaba con mi
pichulita que se erguía paradita fuera de mi pantalón. Me dieron ganas de
tocársela a mi padre. Pasé mi mano por detrás y traté de tocársela, pero no
podía por la posición en que estaba.

Mi abuelo se paró con su cosa tremenda colgando fuera del pantalón y se
acercó a nosotros. Me dio mucha vergüenza que fuera tan descarado delante
de mi papá, pero claro, yo no entendía esas cosas de los adultos. Se paró a
mi lado y cuando pensé que me la metería en la boca, mi padre se agachó por
un costado de mi hombro y se la chupó mientras me apretaba mi verguita con
sus dedos. Yo miraba azorado como mi padre tenía toda la verga de mi abuelo
en su boca y con la otra mano le acariciaba los huevos. Luego la tomó por
la base y acercándola a mis labios me hizo chuparla.

--Chúpesela al abuelito, me dijo en un susurro.

Yo la chupé con deleite, mientras mi padre me paraba sin sacarme la verga
del abuelo de entre mis labios. En eso estaba cuando mi papá, parado al
lado mío quitó la verga del abuelo de mi boca y la reemplazó por la
suya. ¡Era enorme!. Verla y metérmela en la boca fue todo uno. Mi padre
tomó mi carita con una mano y me la acariciaba mientras yo lo mamaba.

--¡Al fin, hijo mío! --¡Cuánto he esperado por este momento!

No sé si esto último me lo decía a mí o a mi abuelo. Pronto estaban ambos
turnándose para meterme sus vergas en la boca. Creo que en algún momento
incluso chupé ambas al mismo tiempo. Mientras chupaba sentí un ruido que me
llamó la atención y desviando la vista hacia arriba vi a mi abue y a mi
papi besándose como yo nunca había visto a nadie besarse. Era como si
quisieran comerse el uno al otro. Me quedé absorto por un momento viendo lo
que hacían. Al sentir que había dejado de succionarles las vergas ambos me
miraron y mi papá me levantó en brazos y me dio un beso también. Igual como
se estaba besando con el abuelo. Metía su lengua en mi boca y chupaba la
mía para luego mirar como mi abuelo hacía lo mismo. Luego me bajó comenzó a
sacarse los pantalones.

--No, dijo mi abuelo. --Mi hija ya va a llegar.

--Avísame, dijo mi padre y tomándome en brazos me llevó a mi pieza.

Mi papá cerró la puerta con el pie y me cargó hasta la cama. Allí con la
luz encendida, pude ver su verga en toda su dimensión; era un cilindro de
carne muy blanca con la punta muy roja. Tenía muchos pelos ahí. Se bajó los
pantalones un poco mirándome con cara muy seria y la boca entreabierta.

--Chúpela --me dijo.

Me senté en la cama y se la chupé con más ganas que antes. Mi papá sólo me
miraba y a ratos hacía sonar el aire entre los dientes de puro gusto. Me
fascinaba mirar su vientre peludo mientras chupaba extremadamente duro de
mi padre.

--Se la voy a meter mi amorcito --me dijo.

Yo mismo me saqué los pantalones junto con los slips, pero en eso
escuchamos la voz de mi abuelo que hablaba con alguien en voz más alta que
lo habitual. Mi padre rápidamente se subió los pantalones y guardó la
pichula toda parada hacia arriba.

--Súbase los pantalones, me susurró, pero yo ya lo había hecho.

Se dirigió a la puerta y antes de salir me hizo un gesto con un dedo en los
labios para que me quedara calladito. ¡Cómo si yo fuera a decirle algo a mi
mamá!.

Torux