Date: Mon, 31 Mar 2014 15:46:58 -0600
From: Wassily Kandisky <kandiskyp@gmail.com>
Subject: Me Encanta Este Juego

Conocí a Gustavo en un partido de basket. Esa noche se enfrentaban el
equipo de mi Universidad contra el equipo de la Universidad del Estado. A
nivel local, era el clásico, un encuentro deportivo que no te podías
perder. Fui con un grupo de amigos, aunque la verdad es que no me
interesaba el basket, pero nos íbamos a reunir en el gimnasio de la
Universidad para después salir por la noche, así que accedí a acompañarlos.

El gimnasio no es demasiado grande, caben cerca de 800 personas, pero
estaba a reventar. La noche estaba cargada de energía con tantos gritos y
porras de uno y otro bando. Tuve que reconocer que el ambiente era
emocionante y pronto me encontraba gritando porras contra el equipo de
enfrente. De pronto, las luces se apagaron y se encendieron reflectores que
se deslizaban por las gradas y la cancha. El presentador anunció a los
equipos, que hasta el momento se preparaban en las regaderas. Cuando los
jugadores salieron a la cancha, un estruendo llenó el recinto. Una amiga me
jaló la camisa, señalando sonriente a un jugador enorme, de más de 2 metros
de altura, de complexión delgada, tenía las espaldas anchas; los músculos
del pecho y de los brazos finamente marcados, sin ser demasiado voluminoso
pero sí bastante correoso; sus largas bermudas no dejaban mucho a la
inspección, excepto una cintura estrecha y quizás la esperanza de unas
nalgas generosas, pero pude apreciar que sus piernas estaban cubiertas por
un fino vello rubio.

De lejos, parecía ser atractivo; su rostro era amable y concentrado, las
cejas, gruesas y oscuras, servían de marco perfecto para un par de ojos
verdes que emanaban picardía; el pelo revuelto y corto, de un color rubio
cenizo le daba un aspecto de rebeldía. Aunque todo en él irradiaba
masculinidad la línea de su mandíbula y mentón era suave, lo que le deba un
aspecto de adolescente que contrastaba con su cuerpo musculoso. Su piel era
blanca aunque se veía que tomaba un poco de sol.

-¿A poco no está guapo?- me dijo mi amiga. Yo me reí con ella y no le
contesté; durante el resto del partido, no tuve ojos más que para él: se
llamaba Gustavo y era el capitán del equipo. Durante la siguiente hora,
tuve que esconder mi verga tiesa debajo de mi chamarra; me sentía
fuertemente atraído por este hombre, mi cabeza se llenó de fantasías
sexuales: me imaginaba cómo se vería su cuerpo desnudo en mi cama,
dispuesto a todo; me preguntaba cómo se sentirían sus largos brazos
alrededor de mi cuerpo; me excitaba conocer cómo se sentiría su peso sobre
el mío, abrazados y besándonos, frotando nuestros sexos. Me intrigaba el
tamaño de su verga. Por experiencia propia sabía que la altura de un hombre
no es determinante en el tamaño de su miembro. Había tenido mis aventuras
con hombres más chicos de altura que yo y créanme que me había llevado muy
gratas sorpresas.

Este tipo en cambio era muy diferente, para mí era un gigante; yo mido un
poco más de 1.80, pero aunque él me llevaba más de 25 centímetros de
altura, se movía por la cancha con la gracia y la soltura que solo puede
dar el deporte. Hacía fintas, se descolgaba por la cancha en segundos,
animaba a sus compañeros con una seguridad y un porte que me hacían
admirarlo (y desearlo) aún más. El partido terminó con una cerrada ventaja
a nuestro favor. Los vítores y porras llenaron el estadio por unos 10
minutos más y tuve que despedirme, aunque fuese de lejos, de ese forro de
hombre que ahora en adelante llenaría mis fantasías nocturnas. Al bajar por
las gradas con mis amigos, pasamos cerca de nuestro equipo.

Nuestras miradas se cruzaron; lo observé mientras Gus (así decía su
camiseta) tomaba un trago de agua, sus ojos parecían más verdes de cerca y
me perdí en ellos. Todo pasó en unos segundos: al principio me vio de
refilón, después con intensidad y por un momento, pude percibir cierta
curiosidad dentro de su mirada, lo que hizo que mi corazón retumbara
mientras mis pisadas me dirigían hacia donde estaba él. Cuando pasamos a su
lado, de camino a la salida, le di un golpe suave en el hombro desnudo, lo
encontré firme y tibio al tacto. -Excelente juego Gus!- le dije mientras le
dedicaba la más devastadora de mis sonrisas. El me la devolvió sonriendo,
estirando el brazo hacia arriba, esperó que le devolviera la palmada por
encima de nuestras cabezas. Justo en ese momento, una rubia despampanante
se acercó a él detrás de sus espaldas y tomándolo de un brazo, lo volteó
hacia ella y lo besó; supuse era su novia. Estaba todo cubierto de sudor,
su cuerpo se veía todavía en tensión y lleno de adrenalina, no pude menos
que desearle suerte a la rubia, con semejante impulso seguro les esperaba
una larga noche.

Lo volví a encontrar en el antro, nos tocó sentarnos enfrente de su grupo,
iba con sus compañeros de equipo pero extrañamente solo. Iba vestido con un
pantalón de mezclilla que destacaba sus largas piernas. Zapatos de cuero
sin calcetines, cinturón blanco de tela y una camiseta semiabierta por el
cuello que destacaban sus pectorales, completaban su atuendo. Me reconoció
inmediatamente y me hizo una seña de saludo con los ojos y su rostro. Me
presenté con él con una sonrisa y después de un rato de platicar del
partido, no me pude resistir y le pregunté por su novia; me dijo con una
mueca que casi parecía de alivio, que se había peleado con ella por una
estupidez y que teníamos la noche libre. Así, "teníamos". Tomé nota de la
señal, cuyas implicaciones me hicieron sudar, pero procuré que mi
nerviosismo no se reflejara en mi voz. Estuvimos platicando muy a gusto por
un largo rato, casi a gritos en medio del humo y del estridente y rítmico
sonido de la música; me enteré que tenía 23 años y ya a punto de acabar sus
estudios universitarios, yo en cambio tendría unos 19 años pero me sentía
muy a gusto platicando con él aunque debo reconocer que un poco intimidado
ante el tamaño de Gus, estábamos sentados y aún así me sacaba como una
cabeza el muy cabrón. Como a eso de la 1PM, debido al ruido del antro, me
acercó su boca a la oreja y mientras me tomaba de una rodilla, me dijo -
Esto está de hueva, ¿y si mejor nos vamos? Por supuesto, 5 minutos más
tarde nos habíamos despedido de nuestros amigos y estábamos en mi coche.

-¿Quieres que vayamos a otro lado?- le pregunté maliciosamente mientras
salíamos del estacionamiento, aunque creía conocer la respuesta. - Sólo a
tu casa- me respondió con una sonrisa. Seguí manejando y al poco rato, Gus,
que estaba sentado en el asiento del copiloto, me puso una mano sobre el
muslo. La dejó ahí unos segundos, como esperando que reaccionara mal, pero
mi única respuesta fue voltearme a ver su pícara sonrisa y devolvérsela. El
trayecto era largo aunque sin demasiados semáforos. En la radio sonaba una
suave y vieja canción de George Michael, perfecto; sus dedos juguetearon
con mi muslo, acariciando primero mi rodilla y subiendo poco a poco hasta
llegar a mi cintura. Tengo un punto nervioso en la cadera, me hacen reír
siempre que lo acarician y éste caso no fue la excepción. El solo se reía
conmigo, sonriendo con una sonrisa de lado que parecía cínica.

Un semáforo en rojo nos detuvo; solamente había otro coche enfrente de
nosotros. Los dedos de Gus comenzaron a bajar hacia mi verga, que parecía a
punto de estallar dentro del pantalón. Despacito, la fue palpando hasta
sentirla toda por sobre mi pantalón. Sus ojos estaban viendo al frente del
auto, cualquiera hubiese pensado que solo estábamos platicando y esperando
a que cambiase la luz a verde. Respondiendo a su avance, mi mano izquierda
abandonó su puesto en la palanca de cambios y se acercó lentamente a su
entrepierna. La base de su miembro ya estaba dura como piedra y se sentía
de buen grosor; mi mano comenzaba a descender por el grosor de su verga
cuando un fuerte bocinazo detrás nuestro nos hizo darnos cuenta de que el
semáforo estaba en verde. No exagero cuando digo que saltamos de sorpresa.
Gus se dio un golpe en el techo pues apenas cabía, maldijo al otro
conductor y nos reímos hasta llegar a mi casa.

El fraccionamiento estaba oscuro. Saludamos a Don Jorge, el viejo guardia
de seguridad. Era extraño que llevase a alguien a la casa, pero en este
caso bien valía la pena. Don Jorge se sonrió con la experiencia que tienen
las personas mayores. Tan pronto traspasamos la puerta de mi casa, Gus me
dio un beso muy suave al principio, envolviéndome con sus fuertes brazos
ahí mismo, en medio de la sala. Olía muy rico, a jabón, a recién lavado y a
una loción deliciosa con rastros de lima y canela. La diferencia de alturas
era importante y tenía que voltear la cara hacia arriba para encontrarme
con sus labios, que eran suaves y carnosos. No me quedaba dudas de que Gus
era por lo menos bisexual y que no era su primera vez; como una suave
saeta, la punta de su húmeda lengua encontró mis labios y los fue
recorriendo de principio a fin, llenándome de besos el rostro. Su boca
sabía a menta y a alcohol, tenía una manera de besar que era un poco
salvaje; la humedad de mi boca era poco a poco conquistada por la intrusión
de su lengua que exploraba todos sus rincones. Sus manos arrancaron con
fuerza y decisión la camisa de mis pantalones, la levantaron por encima de
mis hombros y así, sin desabotonarme siquiera, quedé desnudo de la cintura
hacia arriba.

Mi pecho es más fuerte y definido que el de Gus y creo que es uno de mis
atractivos, parecía que Gus estaba de acuerdo pues mientras en medio de
nuestros besos, le dirigía hacia mi recámara en medio de la oscuridad, sus
manos se aferraron a mis tetillas, retorciéndolas solo un poco. Un
relámpago de placer hizo estremecer mi cuerpo, mientras mis manos le
tomaban ambos lados de la cara a Gus, para acercarlo a mis labios y seguir
absorbiendo su delicioso aroma.

Para cuando llegamos a mi recámara, ya había conseguido dejar atrás un
rastro de ropa de Gus inconfundible. Arropado solamente con un boxer negro
corto que destacaba sus largas y bien torneadas piernas, Gus se acostó en
mi cama king size cuan largo era y vaya que sí lo era, no cabía en la misma
y tuvo que encoger un poco los pies. En la esquina de mi casa hay una luz
que da a la calle; cuando quieres dormir es molesta, pero en ocasiones como
ésta, es perfecta: a través de las blancas cortinas, se filtraba un suave
resplandor que iluminaba el cuerpo casi desnudo de Gus; mientras observaba
como me terminaba de desvestir, cruzó las manos por detrás de su cabeza,
sosteniendo una almohada contra su cuello. Sus piernas eran muy largas y
fibrosas, los trabajados muslos los tenía casi lampiños y de la rodilla
hacia abajo le cubría la piel un suave vello rubio. El boxer negro era
ajustado y a través de la tela tensionada, se apreciaba que la verga de Gus
estaba a media asta, se le había acomodado hacia la izquierda, apuntando
hacia su cadera. Se veía de muy buen tamaño, pero era un asunto que habría
que explorar más a detalle.

Me desnudé lenta y completamente enfrente de Gus. Cuando mi calzoncillo
cayó al suelo, su sonrisa dio paso a una expresión de sorpresa. Mi verga
estaba totalmente enhiesta, sus 21 centímetros apuntando hacia mi ombligo.
La tengo algo gruesa desde la base hasta la punta y en retrospectiva, creo
que esto era especialmente lo que le llamó la atención a Gus. Me acerqué a
la cama, de la forma más seductora que se me ocurrió y tomando suavemente
con la punta de mis dedos el resorte del bóxer de Gus, se lo empecé a
deslizar hasta descubrir los primeros pelillos de su bajo vientre. Eran
suaves y de un color rubio cenizo más oscuro que su pelo. Me incliné sobre
la cama y le planté suaves besos en cuello; con un fuerte suspiro, absorbí
el aroma a cítrico que emanaba de él. Mi boca encontró las finas líneas de
su pecho; las tetillas grandes y tiernas se deshicieron en mi boca y
volvieron a nacer como esferas duras y carnosas. Un suave vello oscuro le
cubría parte del pecho y esto para mí era una novedad. Mis manos jugaron
con esa mata de pelo, encontrándolo suave y sedoso al tacto. Gus gimió
cuando mi boca siguió el rastro de vello que caía en cascada sobre su el
vientre, haciéndose más fino hasta llegar a su ombligo y desaparecer.

Paulatinamente, le bajaba el boxer con la punta de mis dedos, a medida que
mis besos iban descendiendo. Para cuando llegue a la base de su pene,
aspiré el fuerte aroma de su sexo, embriagante. Mis labios se posaron sobre
su base y la encontré dura; mi lengua atrapó como pudo su tronco y lo
comenzó a ensalivar; a medida que iba descendiendo su bóxer, su desnudo
cuerpo se revelaba ante mí. Mis labios recorrieron el tronco hasta la
punta, grueso pero no tan grueso como mi propia verga; el largo camino de
mi lengua sobre su verga parecía no terminar y me hizo preguntarme de qué
tamaño la tendría este hombre. Gus estaba disfrutando el espectáculo;
gemía, suspiraba, meneaba las caderas y me animaba a continuar, tomándome
del pelo con suavidad. El sabor salado de la piel de su prepucio se
antojaba delicioso y ya la punta de su verga circuncidada comenzaba a dejar
caer gotitas transparentes de líquido seminal. Mi lengua atrapó la primera
antes de que cayese a la cama y me di a la tarea de exprimirle hasta la
última gota.

Gus no tenía problemas en que me enfocase en su verga, era deliciosa. Se
desplazó hacia atrás en la cama, hasta que su espalda descansó en una de
las grandes almohadas de la cabecera y se sentó, para hacerme espacio. Me
acomodé entre sus piernas, sus grandes huevos eran, casi lampiños y
colgaban un poco de la base de su verga. Los tomé entre mis labios y esto
pareció sorprenderlo, porque soltó un gemido de placer y sorpresa. En mi
boca los sentí contraerse, se los estuve chupando hasta que oí como soltaba
gemidos de satisfacción. Dediqué entonces toda mi atención a la pieza
maestra que tenía ante mis ojos, su verga era muy larga pensé mientras la
masajeaba con la mano y le daba la última lamida a sus huevos. Una vez que
la tuve ante mi boca, pude apreciar que aunque Gus tenía la verga mas
delgada que la mía, era bastante mas grande, cercana o más de 25
centímetros, y en aún en ese cuerpo tan alto, su tamaño no desentonaba; al
tacto era sorprendentemente suave, con una cabeza grande que se erguía en
90 grados en un estado de rigidez que contrastaba con la suavidad esponjosa
de su cabeza. Mis labios se cerraron lentamente sobre la suave punta, sus
ojos verdes no se perdían el espectáculo de mi boca probándolo por primera
vez, probé un saborcito salado que se desvanecía en mis labios y en la
humedad de mi lengua. Me aferré a esa verga como un náufrago se aferra a la
última botella de agua, lamiendo y gozando de su contacto; quería descubrir
el punto exacto en que debía aplicar presión con la punta de la lengua o
hacerle cosquillas en el frenillo de su tolete para que Gus gozara de
placer.

Creo que no se esperaba que fuese un experto en el arte de dar una mamada a
un hombre, pero pronto me respondía con gusto, rotando las caderas
lentamente y susurrando mi nombre. Sus manos me acariciaban el pelo y los
lóbulos de las orejas mientras sus verdes ojos observaban con lujuria como
me comía su herramienta una y otra vez. Probé de todo: mordiscos suaves en
el tronco; rápidas pasaditas de lengua en el frenillo y en borde de la gran
cabeza que a en la semioscuridad se me antojaba de un color rojizo intenso;
mamadas intensas solo en la punta y tratar de comérmela toda, pero esto
último era imposible, de tan larga que era. Le gustó especialmente que le
recorriese el tronco desde la base hasta la cabeza, lamiéndolo durante el
ascenso y acabando en la punta de su verga, quedarme ahí un rato y volver a
comenzar. Esto parecía volverlo loco, me suplicó entre susurros
entrecortados que no dejara de mamarle y aunque me parecía que se iba venir
en cualquier momento, se controlaba bastante bien, lanzando fuertes
resuellos y tomando las riendas de la situación.

Mientras mi boca se daba un festín con su verga, mis ojos se deleitaban con
la vista de su cuerpo. Su pecho ya estaba cubierto de una fina película de
sudor que se aferraba al ligero vello oscuro sobre sus pectorales. Con los
dedos de una mano, le acaricié los vellos húmedos del pecho y encontré una
tetilla rosada, grande y suave al tacto, que estrujé delicada pero
firmemente entre mis dedos. Gus gimió, más como un gruñido que como una
respuesta de placer. Pensé que le había gustado la caricia y me impulsé
sobre su cuerpo para quedar encima de él. Me sentía como un niño encima de
este hombre, era tan alto. Nuestras vergas se encontraron y fue como si un
chispazo de electricidad recorriera nuestros cuerpos. Por la cara que puso,
supe que Gus estaba más acostumbrado a llevar la directiva en sus asuntos
con los chicos; quizá pensara en sus encuentros con otros hombres como una
forma más de probar su hombría; quizá mis acciones directas le parecían
peligrosas para su sexualidad; quizá se pensaba en sus escapadas con otros
hombres como un desahogo que su chica no podía o no quería darle, pero en
ese momento a mí nada de eso me importó; en ese momento, me propuse darle
una cogida como nadie jamás se la había dado. En estas cosas pensaba cuando
lo vi a los verdes ojos y pude encontrar en ellos la respuesta: estaba
bastante interesado en averiguar lo que le propondría.

Mi boca encontró sus tetillas erectas y me dediqué a mamarlas un rato,
hasta que pude oír sus gemidos. Mi verga era más pequeña que la suya,
aunque por ser mas gruesa le hacía buena competencia. Los testículos de
ambos se juntaron cuando comencé un suave movimiento de caderas sobre su
verga, por su expresión de placer supe que lo tenía atrapado en una
situación nueva para él; creo que estaba acostumbrado a solo cogerse a
otros hombres, pero yo quería darle el panorama completo y quería excitarlo
hasta que gritara de éxtasis. Sus vellos púbicos no estaban recortados y me
hacían cosquillas en los huevos, que colgaban sobre los suyos; se sonrió
como cuando descubres que algo que esperabas fuera malo, no lo fuese del
todo: mi plan estaba dando resultado. Las manos de Gus me abrazaron y
descendieron hasta mi cintura y después se aferraron fuertemente a mis
nalgas; curvé la espalda para que sintiera la firmeza y suavidad de mi
culo, que es redondo y de curvas pronunciadas; sentí como sus largos dedos
se asían fácilmente de las mejillas de mi culo, masajeándolas y sintiendo
sus formas curvas.

-Que bueno estás...- me susurró al oído de una forma que me hizo
estremecerme, mientras la punta de un dedo inquisitivo me hacía sentir su
presencia en la entrada de mi culo. Mi verga estaba trabada en franca
batalla con la suya, la sensación de fricción era exquisita; mis caderas
hacían que el contacto fuera profundo y largo, lo estaba cogiendo
prácticamente y él se dejaba hacer, arrebatado por la nueva sensación;
nuestras vergas estaban muy excitadas y lubricaban sendas gotas de líquido
seminal, teníamos ya el vientre empapado. Mis caderas continuaron un
movimiento de arriba hacia abajo, quería sentir toda su longitud sobre mi
verga, mi vientre y mis huevos.

Gus estaba cada vez mas duro, gemíamos cada vez que mis embestidas hacían
chocar nuestros cuerpos y él parecía querer más. Aprovechando que mi cuerpo
estaba sobre el suyo, metí mis rodillas entre sus piernas, separándolas lo
suficiente para que apoyara mis rodillas sobre el colchón. Metí entonces
las rodillas bajo sus piernas, obligándolo a ponerlas sobre las mías y
haciendo que se doblaran hasta apoyar sus pies en el colchón. Él me dejó
maniobrar libremente, hasta que se dio cuenta que su culo estaba más y más
expuesto, se quejó y quiso zafarse de mi abrazo, pero estirándome sobre su
cuerpo, lo calmé con un beso que lo hizo suspirar profundamente. -No vamos
a hacer nada que no quieras- le dije en un susurro. Mientras continuaba el
beso, mis manos se posesionaron de su verga y de la mía, masajeando carne
contra carne, las dos se sentían rígidas y expectantes. La fricción de la
suavidad de mi piel y de la suya era exasperante, pronto estuvimos gritando
los dos mientras mi mano continuaba con un movimiento frenético de arriba
abajo que nos enloquecía. Su verga es varios centímetros más grande que la
mía y al llegar a la punta, con la palma de la mano le acariciaba la
coronilla, apretándola firmemente y volvía a descender sobre mi expectante
verga; la diferencia en grosores en mi mano era excitante, así como en los
tamaños.

Cuando lo noté más relajado, le tomé de los tobillos. El me miró con aire
de expectación cuando me los coloqué sobre los hombros. Mi mano abandonó
nuestras vergas y se concentró en la suya, haciéndolo ver estrellas
mientras cambiaba de ritmos. La punta de su verga exudaba líquido seminal
en abundancia y ayudaba en mi labor de masaje, pero la piel de su tolete se
sentía ardiendo de excitación. Él arqueaba los pies sobre mis hombros y
casi me tira, pensé que se iba a venir, pero no. Ya estaba gritando de
placer cuando la punta de mis dedos alcanzaron la rosada entrada de su
culo: dos globos exquisitos de carne firme y musculosa que se abrían como
flor ante los avances de mis dedos. Un suave masaje en la entrada de su
culo me reveló el suave ojete, sus nalgas se veían deliciosas así abiertas
de par en par, a la espera de mis acciones. La punta de mi verga
circuncidada estaba ya rozando apenas la entrada, me incliné hacia él para
darle un beso y sentí como la cabeza se recargó contra su ojete, se sentía
húmedo y caliente. Él cerró fuertemente los ojos; él, precisamente, al que
le gustaba observarlo todo. Supongo que no verme era su forma de rebelarse
ante lo que iba a suceder, de no tomar responsabilidad, pero yo no quería
hacerlo, no así. Quería que él me lo pidiese cuando estuviera totalmente
listo.

Pasaron dos segundos, yo lo observaba esperando estoicamente el final de su
virginidad; al no sentir mi invasión, abrió los ojos y sin decirme nada, la
expresión en su cara de niño, me dijo que algo en su mente se había
liberado, había pasado la barrera de sus prejuicios y supe que era libre.
Se rió de mí como alguien se ríe de una buena broma y me dijo con un tono
de súplica - Ven, quiero poseerte.

Lo complací y trepé sobre su cuerpo, tomándolo de los hombros para
impulsarme hacia arriba. Me hinqué de rodillas sobre su cuerpo y Gus supo
que su momento había llegado. Le tomé la punta de la verga y la encontré
totalmente rígida, gruesa, y húmeda; él suspiró cuando hábilmente la
coloqué en la entrada de mi culo. Con una mano, me tomó de las caderas, la
otra se posesionó de mi verga y comenzó a masajearla; sentí que la punta de
su tolete se introducía solo un poco en mi cuerpo. Me acomodé mejor sobre
su cuerpo, quería ser yo el que tomara el control de la situación:
lentamente pero sin pausa, fui descendiendo en esa hermosa verga. Puje
fuertemente, soltando un bufido cuando la entrada de mi culo se abrió poco
a poco para recibir ansiosa la cabeza, hasta que la tragó toda. Sentí como
los músculos de mi culo se distendían, no era el tolete más grueso que
soportaba, pero probablemente sería el más largo, así que me preparé bien.
Pude aguantar un poco más y paré, era evidente que no estaba lo
suficientemente lubricado, me retiré de la contienda y estiré mi brazo
debajo de la cama. Gus protestó mientras pensaba que me estaba rajando,
pero al ver la botella de líquido lubricante no me dijo nada más. Permitió
que le untara una generosa porción desde la punta hasta la base; sus huevos
quedaron cubiertos también. Él mismo se bañó dos dedos y los introdujo
lenta y profundamente en mi culo. Sentí que sus dedos masajeaban mi
próstata y por el placer tuve que erguirme para huir del contacto, era
demasiado pronto.

Mi cuerpo ya estaba sudando gruesas perlas de sudor que surcaban mi pecho y
caían sobre el pecho cubierto de vello de Gus, pero a él no parecía
importarle. Sostuve la respiración mientras conseguía empujar de nuevo su
gran tolete hasta un poco más allá de la tercera parte. - Que apretadito
estás, cabrón- me decía Gus mientras pacientemente esperaba a que me
empalase yo solito. Un esfuerzo más y lo tuve casi todo dentro, menos los
últimos 5 o 6 centímetros. Me quedé así, quieto para darle espacio y tiempo
a mi cuerpo para que se acostumbrara a la invasión. Mi culo comenzó a
ordeñar involuntariamente a la verga de Gus y este estuvo a punto de
venirse, pero mi mano le asió fuertemente la base, hasta que sentí que
peligro pasaba.

Le hice una seña de aprobación a Gus y éste empujó sus caderas desde abajo,
empalándome del todo. Me sentía como un muñeco, sentado como estaba sobre
ese monstruo, los 25 centímetros enterrados firmemente hasta la base. Mi
verga comenzó de nuevo a resumir líquido seminal, bañando el vientre y el
pecho de Gus, mientras lentamente su verga comenzaba a joderme. El placer
era inmenso; en ese momento no me importó que este hombre tuviera novia y
le estuviese siendo infiel; no me importó que pudiese ser un amor de solo
una noche; no me importó que me pudiese estar usando, porque en ese caso yo
también estaba obteniendo gran placer de él; en ese momento, él era mío y
nada más. Me agarré de sus fuertes hombros y los sentí tensos, comencé
entonces a ascender por todo lo largo de su tronco, hasta llegar a la
punta, que casi se salió, pero cerré el culo, no dejándolo escapar y otra
vez me fui empalando, poco a poco, hasta que sentí que los suaves vellos de
sus huevos pegaron en mis nalgas.

Gus me acariciaba el pecho y la verga, sorprendentemente cariñoso. Sus
manos se aferraron a mis hombros, obligándome lenta pero decididamente a
descender una vez más sobre él. El ritmo de esta cogida era lento, pero no
por ello menos delicioso. Sentía la punta de su tolete rozar mi próstata y
después, el tronco mientras se iba introduciendo hasta el fondo de mi ser.
Cuando lo tenía todo dentro, podía sentir una sensación de plenitud en mi
culo y al salir era como si se me fuese el alma. Con el culo le apretaba
tanto como podía, de forma intermitente. Gus gemía que era la mejor cogida
que hubiese tenido en su vida. - Y eso que no me has probado aún - pensé
mientras me reía al cabalgarlo.

Plantó ambos pies sobre la cama y dobló las rodillas mientras yo me hincaba
del todo en la cama, ambas rodillas al lado de su cintura y las manos
apoyadas en sus hombros. Comenzó entonces a cogerme en serio, la fuerza de
su verga casi me tiraba; el ritmo y el ángulo de penetración eran
deliciosos, sentía como en cada embestida, su verga me excitaba el punto P
con más fuerza. Si quería que esto durase un poco más, tenía que hacer algo
y salirme de su hechizo. Como pude, me estiré hacia delante, para
alcanzarle la boca con mis labios y nuestras lenguas se enredaron en un
beso apasionado. Su verga se iba deslizando poco a poco fuera de mí. Sus
manos no dejaban de acariciarme las nalgas, sopesándolas y deleitándose con
su suavidad y la carne trémula; pero sus caderas exigían más.

Me acosté boca arriba sobre la cama, invitándolo a acostarse sobre mí. El
me entendió rápido y pronto estuvo sobre mi cuerpo, sus piernas enredadas
con las mías; nuestras lenguas todavía peleando en un beso profundo,
entrecortado, de esos que te quitan la respiración. Me tomó una pierna y
levantó en el aire tomándola desde detrás de la rodilla. Pensé que iba a
tomarme así, con ambas piernas sobre los hombros, pero en vez de ello, se
la puso sobre un hombro mientras me volteaba sobre mi costado. Adelantó su
cuerpo hasta casi sentarse sobre mi pierna que estaba en la cama y
hábilmente, su verga encontró la forma de penetrarme, ahora más profunda e
íntimamente. Acariciaba mi pierna sobre su hombro, mi tolete que parecía
haberse hecho más grande y grueso por la excitación; la posición que
tomamos también le permitía jugar con mis nalgas mientras me comenzaba a
destrozar el culo. Yo le agradecí en el alma haberme enseñado esa nueva
posición.

Me estuvo cogiendo así por un largo rato, variando el ritmo de sus
embestidas, hasta que girando sobre mi cuerpo y sin retirarse apenas de mi
interior, dejó caer mi pierna sobre la cama y se acostó de lado junto a mí
y me comenzó a penetrar de lado, de forma que sintiera todavía mas adentro
la punta de su verga. Esta vez alcanzó el fondo más rápido, mi cuerpo
comenzaba a acostumbrarse a su tamaño. Con una mano me acariciaba las
nalgas y con la otra, me jalaba la verga, la sensación de estar siendo
cogido de esa forma era exquisita y me abandoné a ella.

Sus acometidas eran más y más rápidas, aunque no por ello perdían fuerza.
La cama se sacudía y rechinaba con cada embestida. Gritaba su nombre y le
pedía más. Sentía que me deshacía cuando la gran cabeza hacía espacio para
el largo tronco que venía atrás. Lo sentí hincharse aun más dentro de mí y
pensé que ya estaba a punto de venirse, pero Gus me volteó boca abajo. Sus
manos y su cara buscaron la raja de mis nalgas. No estaba preparado para la
sensación ambigua de su lengua explorando la entrada de mi culo,
humedeciéndolo aún más, mientras la aspereza de su rostro me quemaba la
piel. Me tenía ya al punto del orgasmo cuando sentí que se apartaba de mí.
Pronto sentí sus suaves besos sobre mi cuello y mi oreja derecha, mientras
nuevamente su larga verga comenzaba a penetrarme. Esta vez sin miramientos,
me la dejó ir casi de golpe. La sorpresa me sacó el aire pero fue
bienvenida.

Comenzó a cogerme con arremetidas de sus caderas cada vez más rápidas. Mis
piernas no estaban demasiado abiertas y él casi no se apoyaba en mí:
descansaba la mayor parte del peso de su cuerpo sobre sus codos, que había
posicionado a ambos lados de mi espalda, sobre la cama y así aprovechaba
para abrazarme al tiempo que me cogía. Pasó sus brazos por delante de mi
pecho y las entrelazó detrás de mi cuello. El ritmo de sus avances y
retrocesos era constante, no me dejaba espacio más que para disfrutar la
sensación de ser penetrado. Estuvo así mucho tiempo sobre mí, pero no tuve
queja alguna. Juro que sentía la verga adormecida de tanta excitación y que
casi me vine dos veces mientras me tenía en esa posición que me encantó
desde entonces; se me antoja muy íntima, muy cercana y también me permitía
sentir su peso completo sobre el mío. La forma en que Gus movía las caderas
sobre mí, de forma circular lenta y controlada, me indicaba una larga
experiencia y no tenía el menor reparo en ser el beneficiario de sus
correrías. Me sorprendió descubrir que mi cuerpo pedía más, mi culo parecía
elevarse para ir al encuentro de su ariete y pronto me tuvo sobre mis codos
y mis rodillas, que apenas y podían sostenerme pues tenía a Gus casi
encima. El aprovechó la posición y me cubrió con su cuerpo. Sus manos
descansaron en la cara anversa de mis codos y sus rodillas me rodearon la
cintura mientras apoyaba sus pies en la cama; su verga me penetraba casi de
una forma perpendicular y la sentía hirviendo mientras se abría camino en
cada empellón. Sus besos cubrieron mi cuello y mi espalda mientras una mano
me sostenía por la cintura y las nalgas. Yo solo atinaba a gritar su
nombre, me estaba partiendo el culo y no me importaba, solo quería que me
volviese a coger una y otra vez.

La resistencia de Gus era imposible, cuando sentía que me iba a venir,
bajaba el ritmo de la cogida casi del todo, hasta permanecer quieto dentro
de mí, para darme tiempo, pero una vez que sentía que el peligro había
pasado, volvía a cogerme lentamente y poco a poco, llegaba al ritmo
endemoniado que tanto nos gustaba.

En la recámara tengo un espejo de cuerpo entero, Gus lo vio y se puso de
pié mientras con su abrazo me envolvía el cuerpo desnudo, obligándome a
pararme junto con él. Mi verga estaba henchida al máximo, húmeda y
vigorosa; la vi reflejada en la superficie del espejo. Gus sonrió mientras
me volteaba sobre una columna de la pared. Acomodó el espejo, de forma que
pudiésemos ver nuestro reflejo, matizado a través de la suave luz que
entraba por la ventana. Se plantó detrás de mi espalda y a través del
espejo pude ver como acomodaba la punta de su verga sobre mi culo, que fue
perforando despacio esta vez; me excitaba vernos reflejados, su cuerpo alto
y definido sobre el mío, mas bajito y corpulento. Hasta ese momento, no
había tenido oportunidad de apreciar completamente las nalgas de Gus: eran
redondas, paraditas y sin rastro de vello, casi de adolescente; cada vez
que me la metía, se le dibujaban finas líneas en los músculos de las
piernas, espalda y culo, haciéndome sentir su presión sobre mí. Me tomó de
los hombros fuertemente mientras sus caderas continuaban las embestidas una
y otra vez. Sentía que la punta de su verga llegaba a nuevos rincones en mi
interior, excitando mi próstata en cada ataque. Abrí las piernas un poco
para sentir sus huevos, que golpeaban contra mi perineo en cada empujón.

Le gustaba observarse en el espejo, y a mí también. Su cuerpo más alto que
el mío, parecía cubrirme del todo y mientras se aferraba a mis caderas,
imprimía cada vez mayor fuerza. Mis manos descansaban en la pared y yo
sacaba el culo para que él lo tomara como quisiera. Mi verga rebotaba
contra mi vientre en cada embestida de Gus y esto me excitaba más aun. Me
rodeó el pecho con sus manos y me tomó de las tetillas; ésta vez se aferró
fuertemente de las mismas, retorciéndolas un poco, provocando oleadas de
placer que no esperaba. Sentí que su verga estaba poniéndose mas dura y más
grande en mi interior. Gus gritaba mi nombre y ya respiraba agitado.
Nuestros cuerpos estaban ya cubiertos de sudor pero él seguía con la misma
energía que al principio. Sentí que una oleada de placer súbito recorría la
base de mis huevos y pronto el orgasmo hizo que mi cuerpo temblara bajo del
suyo. Me aferré a la pared y cerré los ojos mientras sentía que 3
metrallazos de mi caliente y espeso semen se estrellaban contra la columna.
Mi culo reaccionó apretándose aún más y Gus sintió en el tronco de su verga
que me había venido. Bajó un poco el ritmo, pero no se detuvo.

La líbido que me despertaba ese hombre era inusitada. Por el espejo vi la
deliciosa curva que formaba su espalda y sus nalgas mientras tomaba impulso
para seguirme cogiendo. Mi verga no parecía decidida a perder la batalla
mientras me estuviera follando tan rico; después de 5 minutos ya la tenía
tan dura y parada como antes. Las rodillas se me doblaban y Gus se
compadeció de mí: me dio un fuerte empellón y me la metió tan adentro, que
tuve que aguantar para no venirme de nuevo. Me rodeó la cintura con sus
fuertes brazos y me arrancó de la pared, me encaminó hacia la cama sin
salirse ni un centímetro de mi interior. Cuando llegamos a la misma, me
ayudó a subir las rodillas al borde. Mi cabeza se derrumbó hacia delante
mientras mi turgente culo se erguía todo lo que podía, rendido ya de nuevo
a su suerte desde antes de que Gus comenzara de nuevo a cogerme lentamente.

Me incliné hacia delante todo lo que pude, sacando el culo y pude apoyar la
testa de la cabeza sobre la cama, para observar sus embestidas desde abajo.
Gus me agradeció la posición pues sus manos se aferraron a mis nalgas
fuertemente, me estaba gozando y no lo ocultaba. Me sorprendió una serie de
nalgadas leves, pero no me molestaron, al contrario, se me hicieron sexys.
Al ver hacia atrás por debajo de mis piernas, pude contemplar a mi verga
henchida pegada a mi vientre y más atrás, como la verga de Gus me
destrozaba las nalgas, entraba y salía casi del todo, los 20 y tantos
centímetros de verga como un ariete que derrotaba una y otra vez la
resistencia de mi trasero. En el espejo, sus nalgas parecían dos globos
majestuosos que impulsaban su largo tolete.

La visión de sus nalgas me vencieron la tentación e hice un esfuerzo:
chupándome el dedo medio, lo ensalivé lo suficiente como para colocarlo en
la entrada del culo de Gus. Lo encontré húmedo y cerrado. Casi paró en seco
una rápida embestida, soltando un bufido de sorpresa, pero no dijo nada y
solo bajó el ritmo de sus embestidas; supe entonces que era la primera vez
que alguien se metía en serio con su culo, que pareció echarse hacia atrás,
en dirección a la punta amenazante de mi dedo. Se echó hacia atrás hasta
que lentamente, él solo se enterró solo la primera falange; Gus gritó al
sentir a mi dedo rozar su próstata y aceleró el paso. Su hermoso culo ahora
era el que venía al encuentro de mi dedo cuando tomaba impulso y al cogerme
se desenterraba él mismo. Ocasionado más por sus movimientos que por los
míos, pronto tuvo mi dedo enterrado hasta la segunda falange y, al
estimularle esta vez decididamente la próstata, gritó - Cabrón, que me
estás haciendo?! - y se vino en mi interior, con largos aullidos de placer.
Sentí oleadas de calor intenso que cubrían el interior de mi vientre. Dos,
tres, cuatro veces se vino en mí. Sus dedos en mis nalgas me aferraban a su
verga, como si me fuera a escapar. Su pecho se dejó caer en mi espalda y lo
escuché respirar entrecortadamente.

-Eres el mejor culito que he tenido en mi vida- me dijo suavemente en mi
oreja. - El mejor?- le dije mientras su verga aún se hallaba en mi
interior. Con el corazón desbocado, le dije entre resuellos - Eso, eso me
lo tendrás que recompensar.